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 Asunto: Historia de un Druida by NarohAxort
NotaPublicado: 14 Feb 2008, 19:29 
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La pongo otra vez para que salgan los colorines ^^:

CAPÍTULO 1
Derebath corría por el bosque. Perseguido por tres amazonas y herido brutalmente, llevaban corriendo durante más de 20 minutos, y comenzaba a sentir cómo le flaqueaban las fuerzas. Su maná comenzaba a agotarse, y no llevaba pociones encima. Si llegara a quedarse sin nada... no podría continuar en su forma de lobo, y bajo la apariencia humana sería alcanzado por las amazonas.
Continuó corriendo. Conocía a la perfección todos los rincones del bosque: bastaba con mostrarle un árbol y sabría el lugar exacto donde se encontraba. Él, que había aprendido todos los secretos de la Naturaleza, que había empleado sus 23 años de vida en aprender a transformarse en lobo... ¿iba a acabar así, perseguido por tres amazonas en el bosque?
"El Árbol de los Druidas..." pensó. El Árbol de los Druidas es un enorme árbol hueco, que sirve de refugio a los druidas. En él, no pueden temer a ser atacados porque es territorio sagrado y nadie, ni siquiera el poderoso Mefisto, atacaría a nadie que se encontrara en su interior. Pero Derebath, con sólo mirar una rama partida, adivinó su situación en el bosque y supo que no alcanzaría el Árbol porque estaba demasiado lejos, y porque no se le permitiría la entrada teniendo a tres amazonas salvajes pisándole los talones.
Ya llevaba media hora corriendo con todas sus fuerzas, y tenía heridas en una pata y en un brazo. "No puedo acabar así" pensó, y tomó una decisión. Se paró en seco y se volvió hacia atrás, esperando a las amazonas. En apenas 5 segundos llegaon las tres, que lo rodearon. Derebath las miró, con miedo. Tenían la cara pintada con dibujos de guerra, y blandían su jabalina en la mano. Parecían más unas bárbaras que unas amazonas.
La escena habría sido bastate épica, pero un lobo herido y casi sin maná frente a tres amazonas sólo algo cansadas por una carrera en el bosque no era un combate justo.
Derebath las miró a las tres. Había dos frente a él, a su izquierda y derecha, y la otra detrás. Tenía que acabar rápido, antes de agotar su maná. "Acabar o ser acabado". Con este pensamiento, se lanzó sobre la primera amazona...




CAPÍTULO 2
Edhor cerró los ojos con impaciencia. No era una persona que pudiera estar mucho tiempo en un mismo lugar. El Clan de los Nigromantes de Ah-Dher le había enviado a ese maldito bosque, debía encontrar el Árbol de los Druidas y exigir a los líderes que les entregaran el secreto que les hacía tan poderosos en su interior. Llevaba una semana en el bosque y aún no lo había encontrado. Todo lleno de árboles... todo tan igual...
Miró al esqueleto que había invocado y sonrió. Al segundo día de entrar en el bosque había encontrado una amazona, y pensó que podría descubrir dónde se encontraba el Árbol preguntándola, pero resultó ser una salvaje que ni siquiera conocía la lengua común, y que se comunicaba por medio de gruñidos y gestos. Así que decidió hacer un esqueleto con ella... y no le salió nada mal. Invocar esqueletos del cuerpo de bestias es complicado, porque hay que remodelar los huesos para que adquieran una forma humana, y no siempre el resultado es bueno. Pero utilizar un cuerpo humano para invocar... eso es otra cosa. Todo coincide, y el esqueleto tiene una fuerza mucho mayor a la que podría tener si los huesos fueran de otro ser.
Por la mente de Edhor cruzó fugazmente la idea de desistir y volver a la guarida del clan, pero deshechó rápidamente la idea, porque le matarían si no completaba su misión. "Sólo necesito alguien que me guíe -pensó-, porque solo nunca encontraré ese maldito Árbol."
Entonces escuchó un sonido... ¿sería una bestia? ¿Una amazona? ¿O el sonido de la actividad en el interior del Árbol de los Druidas? Si fuera un ser del bosque seguro que lo habría averiguado, e incluso habría sabido de cuántas personas o bestias se trataba. Pero era un nigromante, y ya podía dar gracias por el simple hecho de haber escuchado algo. Caminó ciega y apresuradamene por el bosque, intentando seguir aquél sonido. Entonces se encontró con una amazona corriendo. Se cruzaron. La amazona le miró sorprendida, pues seguro que nunca había visto a alguien como él. Pero parecía nerviosa, y rápidamente continuó corriendo, como persiguiendo algo.
"Quizás conozca el paradero del Árbol" pensó Edhor, y no dudó en correr tras ella. Pero una amazona en un bosque es mucho más ágil y veloz que un nigromante, y sobre todo si la amazona sigue a un individuo y el nigromante tiene que guiarse por su oído. Edhor la perdió de vista en pocos segundos, pero siguió lo que él creía huellas humanas durante más de diez minutos. Entonces se dio por vencido. Las "huellas" que había estado siguiendo no eran huellas, sino formas del relieve del bosque. Es decir, que había estado corriendo sin rumbo durane diez minutos. Ahora nunca encontraría a la amazona. Entonces escuchó un aullido. Era tan alto y claro que pudo seguirlo sin problemas. Tardó cinco minutos en llegar al lugar donde lo había escuchado, pero al llegar se encontró frente a una imagen desagradable.
Un hombre lobo herido en un brazo y en una pata, y con varias heridas de jabalina, se erguía en pie y amenazaba a dos amazonas con sus fauces llenas de sangre. Una de las dos amazonas a las que amenazaba le mantenía alejado con una jabalina que utilizaba a modo de lanza, de manera que el lobo no podía acercarse a ella. La otra estaba brutalmente herida en una pierna, a la altura del muslo, de manera que no podría huir, ni siquiera moverse. Había otra amazona tirada en el suelo, muerta, con una sangrante herida en el cuello.
"Pobrecillas" pensó Edhor con una sonrisa, pues sabía que las amazonas no lograrían acabar con el lobo. Entonces otra fugaz idea surgió en su mente. "¿Y si fuera... un druida?" Edhor volvió rápidamente sobre sus pasos. No le habían visto. Aún tenía tiempo. Si aquél lobo fuera un druida... quizás podría descubrir dónde estaba el Árbol. Un druida nunca lo diría, pero si se ganara su confianza... desde luego nunca se lo diría se sabía que era un nigromante. Se reunió con su esqueleto y le habló:

-Voy a despojarme de todos mis utensilios de nigromante. Debes permanecer oculto con ellos. Sígueme a donde vaya, pero que nadie te vea nunca. Si en algún momento me escuchas silbar, entonces acude a mi llamada.

Dicho esto, se despojó de todas sus armas y amuletos de nigromante, y los envolvió con su túnica como si fuera un saco. Se lo entrgó al esqueleto y entonces volvió al lugar donde había visto el combate.
La amazona de la jabalina había huido, y el lobo se acercaba a la que estaba herida. Entonces dejó de ser un lobo y se transformó en una persona. Era un druida. "Perfecto". El druida levantó un cetro acabado en una punta afilada, y lo alzó para clavárselo a la amazona.

-¡Espera! -gritó Edhor. Ese era un buen comienzo, parecía una persona compasiva-. No la mates. Sé compasivo.

El druida parecía agotado, y se dejó caer en el suelo.

-¿Quién eres? -preguntó-. ¿Qué haces aquí?

-Soy Edhor, un campesino. Me perdí en el bosque, y no sé dónde estoy. ¿Quién eres tú? ¿Por qué luchabas con esas salvajes?

Derebath cerró los ojos y suspiró. No debía hablar con nadie del exterior. Pero las heridas que tenía eran muy graves, y puede que muriera pronto.

-Está bien -dijo-, siéntate y escucha.




CAPÍTULO 3
-Mi nombre es Derebath. Soy un druida de aquí, del bosque. Nunca he salido de él por motivos de mi clan. Nunca debemos salir del bosque ni hablar con nadie del exterior... pero ya todo da igual... es el fin.

-No seas tan pesimista -Edhor no podía permitirse la muerte de aquél druida, tenía que acabar la misión cuanto antes y salir de ese deprimente bosque-. ¿No sabes de algún lugar donde haya más druidas que puedan curarte?

Derebath le miró con una mirada indescifrable... y Edhor tuvo un escalofrío, una de las peores cosas que le podía haber sucedido.
Los nigromantes del clan de Edhor NUNCA tenían escalofríos, excepto en los momentos más peligrosos de su vida. Un nigromante que se dedicara al combate toda su vida tendría a lo sumo tres o cuatro escalofríos en su vida. En sus 28 años de edad, Edhor aún no había tenido ninguno... hasta ahora. ¿Habría descubierto Derebath sus intenciones? ¿Sería aquel joven druida tan poderoso como para hacerle sentir un escalofrío?

-No -respondió Derebath-. No conozco ningún sitio.

Edhor se desesperó. Puede que el druida no fuera a revelarle el paradero del Árbol tan pronto, pero si moría quizás no tendría más posibilidades de encontrar el Árbol, que era siete veces más grande y densa que la Jungla de Mefisto.

-Tiene que haber un lugar... no puedes morir... no debes morir.

Otra mirada indescifrable de Derebath llegó hasta Edhor, que sintió otro escalofrío y cayó de repente, de rodillas. Era imposible, ese druida no podía ser tan peligroso.

-¡Ya lo sé! -exclamó Edhor, en el suelo. Se le había ocurrido una idea. Saldría del bosque con el druida, y cuando se ganara su confianza partiría con él hacia el Árbol-. ¡El Campamento de las Arpías! He oído que allí viven unas excelentes arqueras, pero también una poderosa hechicera que podría sanar tus heridas.

-No puedo salir del bosque... prefiero morir.

-Pero tampoco podías hablar conmigo y lo estás haciendo... una vida vale más que ello.

Derebath reflexionó unos instantes.

-Está bien -dijo-, pero en cuanto me hallan curado, volveré aquí.

-Perfecto... -quizá no faltara tanto para que encontrara ese maldito Árbol-. ¿Necesitas apoyarte en mí para caminar?

Derebath se incorporó lentamete y anduvo unos pasos.

-No. Llévala a ella.

Y señaló a la amazona herida en el suelo que había perdido el conocimiento. Edhor se había olvidado de ella.

-¡Pero intentó asesinarte! ¿Vas a salvarla?

-Los motivos de un druida son incomprensibles para un campesino -respondió Derebath.

"Quizás no para un nigromante..." fue la respuesta mental de Edhor.

Y así, los tres, partieron a través del bosque hacia el Campamento, lentamente.
A una distancia prudencial caminaba un esqueleto con las armas de un nigromante al hombro...




CAPÍTULO 4
-¡Alto! -gritó una arpía desde lo alto de las murallas-. ¿Quiénes sois? ¡Deteneos!

-Somos tres viajeros -gritó Edhor, intentando hacer perceptible su voz en medio de la tormenta. Se cubría el cuerpo propio y el de la amazona para resguardarse de la lluvia, en cambio, Derebath caminaba bajo ella. Edhor temía que se desangrara, pero confiaba en el poder de un druida que le había hecho sentir dos escalofríos-. Necesitamos cobijo en medio de la tormenta... mis dos compañeros están muy heridos tenemos que hablar con Akara.

La arpía le dijo algo a otra que estaba con ella, y esta bajó de la muralla. Unos minutos después, la puerta se abría y los tres entraban apresuradamente en el Campamento. Edhor buscó a Akara con la mirada. La reconoció fácilmente por su túnica morada. Los rumores que había oído acerca de ella parecían ciertos, podía percibir un inmenso poder mágico incluso a una gran distancia. Era una hechicera poderosa.

-Akara -la llamó al llegar donde estaba ella-, he oído leyendas sobre ti que hablan de un inmenso poder. Mis dos compañeros están heridos... ¿podrías hacer algo por ellos?

-Entrad en mi tienda -respondió.

Edhor se sorprendió de que vivían en pequeñas tienduchas. No parecían capaces de soportar ni la lluvia que caía. ¿Era esta realmente la hechicera poderosa de la que había oído hablar?

-Muéstrame a la chica -le ordenó Akara.

Edhor la dejó en el suelo y Akara observó la herida. Sangraba mucho, y si no hubiera sido por unas hierbas curativas que le había colocado Derebath en ella, la chica habría muerto hacía varias horas.
Entonces Akara lanzó una mirada de desconfianza a los otros dos.

-Esta herida no ha sido causada por una bestia normal. ¿Qué clase de monstruo la causó?

-Fui yo -respondió Derebath, que estaba apoyado en un mueble que se hallaba en la esquina de la tienda-. Soy un druida del Bosque Inquebrantable, del que no puede salir nadie que no conozca sus secretos. Ahora cura a la chica, bruja. Tengo mucho que hablar con ella.

Dicho esto, salió de la tienda. Esto preocupó mucho a Edhor. ¿Y si no sobrevivía? A él la amazona le daba igual, sólo quería ganarse la confianza del misterioso druida.
Pasada una hora, Akara ya había preparado las pociones y hechizos suficientes.

-Mañana recuperará la consciencia -había dicho-, pero no podrá irse hasta dentro de una semana.

Cuando vio las heridas de Derebath, sonrió:

-No son demasiado profundas como para que no pueda sanarlas -había argumentado la hechicera, y le dio unos ungüentos curativos que debía aplicarse todos los días-. No tardará más de una semana, así que la chica y tú estaréis bien más o menos a la vez.

-¿Cuándo dijiste que recuperaría la consciencia? -fue lo primero que dijo Derebath desde que se había ido de la tienda.

-Mañana mismo.

-Perfecto. En cuanto despierte, vaya enseñándola a hablar nuestro idioma.

-¿Pero qué...?

-Es una orden. Quizás el destino de todo el Bosque, o de todo el mundo dependa de una información que poseen esas amazonas.

Dicho esto, volvió a marcharse, se tumbó en el suelo y se durmió profundamente.

***

-¿Crees que debemos atacar ya?

-Sí. Esa Akara ya nos ha molestado bastante. Manda a Andariel.

-Andariel no abandonará las Catacumbas porque sí. Mandará a un ejército.

-Mandará a su ejército, pero ella irá en persona. Es una orden. Comunícasela de inmediato.

-Sí, mi Señor.




CAPÍTULO 5
Habían transcurrido tres días desde la llegada de Derebath al Campamento. Akara había comenzado a enseñar el idioma común a la amazona, que por lo visto se llamaba Serea. Pero el druida se había negado a hablar con ella hasta que ésta pudiera construir sus propias frases sin ayuda.

Mientras tanto, Edhor había intentado ganarse la confianza del druida, sin resultados. Derebath ya nunca hablaba, y toda mirada que dirijera a Edhor iba acompañada de un escalofrío, por lo que el nigromante se estaba planteando el tirar la toalla.

Pasaron los días y Akara se reunió a solas con Derebath:

-La chica puede hablar ya, pero te ruego que no la fuerces demasiado. No domina con soltura el idioma, y si la pones nerviosa, no sacarás de ella ni una palabra.

Por primera vez en varios días, el druida habló:

-Haré lo que crea conveniente. Tráela.

La hechicera salió de la cabaña y volvió con Serea. Derebath le hizo una señal para que se fuera, así que les dejó a solas.

-Bien -comenzó Derebath, notando un extremo nerviosismo en la chica. Evidentemente no había olvidado el mordisco en el muslo que por poco le cuesta la vida-, Serea, quizás ya lo sepas, pero en tu tribu hay una amazona muy anciana... una líder.

-Pakkara -respondió la amazona tímidamente.

-Bien... pues hay algo que debes hacer. Debes llevarme a ella. Tiene un objeto MUY peligroso: la Piedra espiritual de Baal. Ella piensa que puede protegerla, pero cuando los demonios del mal sepan que la posee, acabarán con ella, con toda tu tribu y posiblemente con todo el bosque.

Serea pareció comprender el mensaje a medias, porque negó con la cabeza:

-No poder llevar... prohibido...

Derebath se transformó instantáneamente en lobo, rugiendo sonoramente. La chica gritó e intentó defenderse con las manos, pero el lobo la agarró de las muñecas, ejerciendo una presión que amenazaba con reventarlas.

-¡No...! ¡Ayuda...! -chilló la amazona, haciendo que llegase Akara, que mostró un bastón bajo su capa y apuntó con él al druida.

-¡Suéltala, bestia!

Derebath volvió a su forma humana, y exclamó:

-¡Esta amazona nos está condenando a todos! ¡Debe llevarme a...!

Entonces se oyó un grito de dolor, y una de las arpías de la muralla cayó al suelo, muriendo con el golpe.

-¡Demonios! ¡Muchos! -informó Kashya respirando entrecortadamente, que había corrido a informar a Akara-. ¡Tenemos que preparar una defensiva!

Rápidamente todos se pusieron manos a la obra. Había 53 arpías contando a Kashya, de las cuales 40 dispararían desde la muralla y el resto esperaría apuntando a las puertas, por si el enemigo conseguía llegar hasta el Campamento. Charsi blandía dos martillos con maestría, cualquiera la habría confundido con un hábil guerrero. Akara se quitó la capa y preparó sus hechizos.

-No será suficiente -argumentó Derebath, que había subido a la muralla para ver al enemigo. Más de doscientos afligidos corrían hacia el Campamento desde la lejanía, unos listos para el combate cuerpo a cuerpo y otros disparando sus bolas de rayos hacia las arqueras de la muralla-. Cada uno de esos demonios tiene una altura superior a los dos metros, harán falta tres o cuatro flechas cada uno. Y son más de doscientos. Por el contrario, sólo tenemos cincuenta arqueras, que morirán probablemente al primer golpe.

-Tenemos que intentarlo -respondió Charsi, desafiante.

Las arpías comenzaban a caer desde la muralla. Derebath se transformó, listo para pelear. A las arqueras que se habían quedado abajo les daba miedo, pero les inspiraba valor verlo listo para luchar en su bando.

Kashya bajó de las murallas con otras cinco arpías. Las otras centinelas habían muerto.

-No podemos -jadeó-, son demasiados.

Todos se prepararon para los golpes contra la muralla, que sucedieron rápidamente. Y cuando el primer afligido penetró en el Campamento, Derebath fue el primero en morder su cuello.




CAPÍTULO 6

El combate era sangriento. Derebath rasgaba las gargantas de los afligidos, algo mas altos que él, pero doblemente anchos y musculosos. Prácticamente saltaba de uno a otro, destrozándolos. Charsi blandía con maestría sus martillos, pero aún así todos sabían, incluida ella, que no podría detener ni siquiera a dos afligidos a la vez: tendría que ir de uno en uno. Pero eso era imposible. Las arpías se habían colocado a una distancia prudencial, y disparaban con precisión sus flechas hacia los ojos de las bestias. No podrían atravesar su gruesa piel, pero sí podían cegarlos. Akara no podía luchar con todo su potencial, por miedo a herir a las arpías o a cualquiera de sus compañeros.

Por ahora los afligidos sólo podían entrar de dos en dos a través del agujero de la muralla, pero ese agujero se ensancharía rápidamente.

Edhor se había escondido detrás de una cabaña, llevándose las manos a la cabeza.

-¿Qué puedo hacer...? -se dijo a sí mismo. Sin sus amuletos y armas su magia era muy débil, apenas podría lanzar unos pocos hechizos venenosos. Y si llamaba a su esqueleto, los afligidos lo destrozarían antes de que pudiera entrar en el Campamento. Además no quería realizar nigromancia delante del druida, no sólo por la misión, sino por miedo. Después de haberle visto destruir afligidos de tal forma, sentía un increíble miedo hacia Derebath.

Un afligido había escapado de los martillos de Charsi y de las garras y colmillos de Derebath cuando una flecha impactó sobre su ojo derecho, reventándolo. Rugió de dolor, y lo primero que hizo fue apartarse del combate para recuperarse. La sangre manaba a borbotones de su cara, y probablemente perdiera el sentido. "Lo mejor", pensó, "será apartarme de la batalla y cuando me recupere y hayamos ganado, la Reina me sanará". [Nota de NarohAxort: Todo esto fue pensado con un vocabulario mucho menos desarrollado y en el idioma de los Afligidos, formado por una serie de gruñidos y movimientos]

Corrió detrás de una cabaña, donde encontró de repente a un humano que se llevaba las manos a la cabeza. Un humano desarmado. El afligido levantó el brazo para destrozarlo.

Edhor estaba a punto de tomar una decisión cuando de repente un afligido al que le faltaba un ojo apareció frente a él. Pensó rápidamente. Normalmente, dejaba que sus esqueletos dañaran a sus enemigos y les hicieran heridas, para después lanzar él un hechizo venenoso sobre la herida y que muriera rápidamente. Esta vez sus esqueletos no le habían dañado, pero por suerte tenía un ojo extremadamente herido, que sangraba abundantemente. El nigromante no lo pensó dos veces y lanzó un chorro venenoso sobre el ojo del monstruo, que había levantado un brazo en señal de ataque. En menos de un segundo el demonio cayó al suelo, muerto.

"He tenido suerte" pensó Edhor, "no me ha visto nadie".

El combate se desarrollaba aún más sangriento. El olor a sangre perseguía a los guerreros, haciendo vomitar a algunas arpías de vez en cuando. Charsi había recibido un zarpazo en el pecho, y había retrocedido hasta la posición de las arpías, gimiendo de dolor. Derebath tenía el pecho manchado de sangre, ya no se podría distinguir cuál era la suya y cuál la de los demonios que había asesinado. En el bíceps del brazo izquierdo había recibido un zarpazo que lo había dejado inmóvil, y ahora luchaba sólo con el brazo derecho, mientras el izquierdo colgaba inútilmente. Los cadáveres de los monstruos cerraban el paso a los que acudían a la batalla, aparentemente infinitos, ya que continuaban viniendo más y más. Ahora entraban de cinco en cinco, y no parecía que el lobo pudiera contenerlos por más tiempo.

Entonces se escuchó un grito que hizo temblar a todos los presentes, demonios o humanos, y los afligidos huyeron como ratas, escapando del Campamento.

-Inútiles, no habéis podido con unos patéticos humanos. Yo me encargaré de esto.

Una gran mujer demonio había entrado en el ensangrentado Campamento. Era Andariel.




CAPÍTULO 7

Edhor vio la situación y se desesperó. Andariel había venido al Campamento. Él no tenía armas. Quedaban apenas cinco arqueras en disposición de luchar. Derebath tenía abundantes heridas y el brazo izquierdo inservible. Akara estaba cansada, sin apenas maná. Y Charsi había perdido el conocimiento, y su herida no parecía que fuera a mejorar, dado que sangraba mucho.

-No opongáis resistencia y os daré una muerte rápida.

Derebath rugió en respuesta, y se lanzó sobre ella. Se agarró a su brazo clavando las garras de las patas e intentó morder su cuello, pero Andariel le clavó en la espalda uno de sus aguijones, haciéndole soltarse, gritando de dolor. Las arqueras dispararon a Andariel, pero ésta lanzó una nube venenosa que detuvo las flechas.

Entonces Serea salió de una de las cabañas. Tenía en la cara pinturas de guerra, y sostenía un arco en la mano y un carcaj colgado a la espalda. Disparó a Andariel, con el mismo resultado que las arpías.

-¡Ja, ja, ja, así nunca conseguiréis dañarme! -rió la poderosa rival, y corrió hacia la amazona. Edhor se había escondido detrás de la cabaña, y como Serea esquivó de un salto lateral a Andariel, ésta derribó la cabaña, cayendo sobre el nigromante, que, sin darse cuenta, lanzó una prisión ósea sobre sí mismo para defenderse.

Akara volvió la vista hacia Edhor.

-¿Un... nigromante?

Derebath se levantó lentamente del suelo, dirigiendo la mirada hacia su compañero. Volvió a su forma humana instantáneamente.

-Tú... ¡¡tú me has traicionado!!

Y, dicho esto, desenvainó su espada y corrió hacia el nigromante, cuando Akara le detuvo.

-Espera... fíjate en Andariel -la mujer demonio se había clavado varias espinas de hueso de la prisión ósea en el pecho y el estómago, y se había retirado, gimiendo ligeramente-. La prisión ósea ha conseguido dañarla...

-¡Jamás lucharé del lado de un nigromante! -fue la respuesta del druida, que se zafó de la hechicera y dio un impresionante salto hacia Edhor, teniendo en cuenta las heridas de su cuerpo. A la mitad del salto se transformó en hombre lobo, y cuando cayó al suelo el nigromante le esquivó con un gran salto hacia atrás.

-No oses desafiarme, lobo. Quizás en otras circunstancias pudieras derrotarme, pero con todas esas heridas no me costaría nada que el veneno penetrara en tu cuerpo. Debemos acabar con Andariel, ¿o no recuerdas el Pacto de las Siete Tribus?

El Pacto de las Siete Tribus era un antiguo pergamino que, en tiempos remotos, fue firmado por el líder de cada tribu: Apoh-Uh, el nigromante; Desvelia, la amazona; Aneyo, el hechicero (evidentemente, y aunque en el juego no se pueda, todas las tribus tienen tanto hombres como mujeres); Akkapo, el druida; Kim-Timara, la asesina; Belfegor, el bárbaro y Narelia, la sagrada (a las mujeres paladín se las llamaba las sagradas, dado que había muy pocas). El pergamino ordenaba que en cualquier situación en la que uno de los Demonios Mayores (Mefisto, Diablo o Baal) o cualquiera de sus esbirros se materializara sobre la tierra y fuera avistado, los miembros de las Siete Tribus debían unirse para combatir contra ellos. Y Andariel era uno de esos esbirros.

-El Pacto... bien -respondió Derebath-, pero cuando acabemos con ella, desaparece de mi vista, o te destrozaré como la voy a destrozar a ella -y señaló a Andariel.

Serea, Edhor, Akara y Derebath se prepararon para luchar contra Andariel, que ya se había recuperado del impacto contra la prisión ósea.

-Bien... ¿quién quiere morir el primero?




CAPÍTULO 8
Akara desapareció al instante. A nadie le sorprendió: había usado un conjuro de invisibilidad que muy pocos hechiceros conseguían dominar.
Derebath saltó hacia Andariel, que se encontraba a unos veinte metros de distancia.

-Bien... asumo que tú eres el que quiere ser aplastado bajo mis arpones venenosos... -rió Andariel, apuntando hacia delante con los arpones que nacían en su espalda. Pero Derebath hizo algo que asombró a todos los presentes, algo que hizo gritar a Serea y a las arpías.

Se atravesó con uno de los arpones a propósito, y se deslizó por él hasta la espalda del demonio. Toda la extremidad estaba cubierta de sangre, pero como lo había hecho tan repentinamente, a Andariel no le había dado tiempo de soltar veneno, por lo que aún no estaba envenenado.

-Ahora ¡¡ACABARÉ CONTIGO!! -gritó bajo su forma de lobo, algo que ninguno sabía que podía hacer.

El lobo mordió el cuello de Andariel, contagiándola con la rabia, y a la vez rasgaba su espalda con sus garras.

Andariel chilló, pero se le iluminaron los ojos y a continuación dobló sus otros tres arpones, clavándolos en la herida de Derebath, agrandando el enorme agujero que había dejado el primero. El lobo aulló de dolor, y sus compañeros no pudieron aguantarlo más. Una serie de ráfagas llameantes surgieron de la nada, impactando contra el pecho de Andariel, y Serea disparaba flechas sin parar. Pero la demonio no se inmutaba, reía mientras la sangre de Derebath goteaba hasta el suelo. No podía verle, dado que estaba clavado en su espalda, pero se lo imaginaba.
Edhor no se movía. Contemplaba la masacre temblando y sudando. ¿Qué podía hacer? Era cierto que debía completar su misión, y para ello necesitaba a Derebath, pero... ¿debía arriesgarse a ser torturado por la sádica Andariel? Además, ¿cómo iba Derebath a mostrarle el camino al Árbol sabiendo que es un nigromante?

-Quizás... -susurró-, si le salvo la vida...

Estiró los brazos hacia delante, apuntando a Andariel, pero lo pensó dos veces. Lo único que parecía dañarla era la prisión ósea, dado que las llamas de Akara no le hacían quemaduras y las flechas de Serea se clavaban y al momento caían al suelo sin dejar ninguna herida. Pero no podía lanzarle la prisión, dado que dañaría al druida.

El lobo escupía sangre y espuma por la boca, sangre por las heridas y espuma por el veneno. No sobreviviría. Tenía la visión perdida, y ya no atacaba, sino que colgaba del arpón, literalmente.

Serea sabía que sin el lobo no podrían ganar aquella batalla, y corrió hacia su enemiga. Dio un impresionante salto y calló encima de Andariel, sentada sobre sus hombros. Cogió una flecha del carcaj y la clavó brutalmente en uno de sus ojos, haciéndola emitir un grito que hizo temblar el Campamento. Andariel retiró los tres arpones de la espalda de Derebath, que seguía clavado en el cuarto, y se llevó las manos al ojo reventado. Se agitó tanto que tiró a la amazona al suelo, que sonreía. Lo había conseguido. Una bola de fuego chocó contra la cara de Andariel, y aunque se la cubría con las manos, algo debió penetrar en el ojo, porque rugió mucho más. Entonces se quitó las manos de la cara. Del ojo explotado manaban sangre y fluidos oculares, y su cara mostaba una furia incontrolable. Se lanzó contra Serea, amenazándola con los tres arpones que tenía libres y con las dos manos. Entonces sucedió algo sorprendente. Derebath se rasgó horizontalmente el cuerpo con el arpón, quedando libre del demonio. No debía de quedarle una sola gota de sangre en el cuerpo, sin embargo, aguantaba de pie, con la mirada perdida por el veneno pero con algo de visión aún. El olor a sangre inundaba el Campamento, y parecía que el lobo iba a desplomarse. Sin embargo, agarró del cuello a Andariel, y gritó con sus últimas fuerzas:

-Edhor... defiende... a Serea... no... debe... morir...

Edhor reaccionó. Vio que no podía quedarse de brazos cruzados mientras sus... ¿compañeros? luchaban por sus vidas. Creó una prisión ósea alrededor de Serea, que no había sido alcanzada por Andariel debido a que Derebath retenía a la enemiga.

La demonio se quitó de encima al druida y corrió hacia la amazona, pero se detuvo al ver la prisión. Edhor corrió entonces hacia la salida del Campamento, emitiendo un agudo silbido.

-¿Nos abandona? -se preguntó a sí misma Akara.

-El lobo... me ha salvado... -era lo único que decía Serea. Miraba a Derebath, pero no podía correr junto a él para salvarle, la prisión ósea le retenía.

Entonces se escuchó la voz de Edhor.

-Andariel. ¡¡VAS A MORIR!!

Todos miraron al nigromante, con sus armas y amuletos, y con un esqueleto viviente al lado. Andariel también giró la vista y entonces un disparo venenoso se lanzó hacia su ojo.

-El veneno no me hará nada, estúpido nigromante. Yo soy la Reina del veneno.

-No es un veneno normal. Es uno únicamente utilizado por mi clan, los Ah-Dher. Es inflamable.

Cuando dijo esto, Akara se hizo visible. Estaba dentro de la prisión ósea que defendía a Serea. Se teletranpostó justo al lado de Edhor, lanzando su conjuro de fuego más poderoso, que impactó en la cara de Andariel, provocando una enorme explosión. Una cadena de rayos cayó del cielo sobre Andariel. Había muerto.

-Me... ha salvado... -continuó diciendo Serea. La prisión ósea de deshizo, y ella corrió junto al cadáver del lobo.




CAPÍTULO 9
Edhor sonrió tras ver la explosión y la cadena de relámpagos. Pero una gran variedad de dudas se agolpaban en su mente... y en su corazón. ¿Qué debía hacer ahora? ¿Acompañar a la amazona al bosque y continuar buscando el Árbol? ¿Volver con su clan?

Akara no perdió el tiempo. En cuanto la cadena de relámpagos cayó del cielo, se teletransportó al lado de Charsi y las arpías. La herrera yacía en el suelo, inconsciente. Sus compañeras habían vendado la herida, pero no habían logrado detener la hemorragia. Akara le quitó la armadura y todas las ropas de cintura para arriba. El corte en el pecho tendría unos quince centímetros de largo, y era muy profunda. Akara lanzó un conjuro curativo, que no cambió la apariencia, puesto que dejó abierta la herida, pero detuvo la salida de sangre. Con un suspiro, les dijo a las arpías lo que habían estado esperando.

-Se recuperará.

Serea había llegado al cuerpo de Derebath, ahora bajo su forma humana. No parecía tener herida alguna, dado que la armadura no había sido dañada. Se la quitó, y también la camisa que llevaba bajo ella, y vio un sádico espectáculo. Las dos arpías que se habían acercado vomitaron. Edhor no lo hizo, pues estaba acostumbrado a ver como sus esqueletos y los del resto de los miembros de su clan torturaban a sus enemigos, desmembrándolos. Serea tampoco vomitó, aunque notó una fuerte conmoción en el pecho. El brazo izquierdo del hombre tenía gruesas heridas, provocadas por los afligidos, que le habían desgarrado el músculo. Pero lo peor era el resto del cuerpo. A la altura del estómago estaba el agujero provocado por el arpón de Andariel, agrandado casi al doble de tamaño por los otros tres. Y después se había desgarrado el resto de la carne hasta un costado, para poder sacarse el arpón y sujetar al demonio. La amazona no podía parar de llorar sobre el cadáver de Derebath, hundiendo las lágrimas en sus heridas. Si hubiera estado vivo, aquéllo le habría causado un dolor insoportable. Pero no estaba vivo.

Akara, Edhor y Serea se reunieron una hora después.

-Serea -comenzó la hechicera-, debes informarnos de lo que Derbath te contó antes de la batalla.

-Habló de... Pekkara, la anciana líder de nuestro clan, y...

-¿Pekkara? -se interesó Edhor, con voz ronca-. ¿Aún está viva? Un grupo de siete nigromantes de mi clan se encontró con ella y unas cuantas amazonas... no me contaron que sobreviviera..

La cara de Serea mostró un intenso odio al instante, y se lanzó contra Edhor. Pero Akara paralizó a los dos con un conjuro, y le preguntó a Edhor qué sabía de la anciana amazona.

-Es... descendiente de Desvelia, la primera líder de la tribu de las Amazonas. Eso la convierte en la actual líder.

-Me encantaría conocerla -respondió Akara con un tono triste en su voz-. Creía que sólo quedábamos tres descendientes de los Primeros...

-¿Qué? -exclamó Serea-. ¿Tú eres...?

-Sí, yo soy descendiente de Aneyo, el primer líder de los Hechiceros. Pero eso nos desvía del tema. ¿Qué comentó Derebath acerca de Pekkara?

-Dijo que tenía... la piedra espiritual de Baal... ¿qué es eso?

Akara se echó hacia atrás, con los ojos muy abiertos.

-Debéis ir allí rápidamente -Edhor comenzó a protestar, pero Akara le interrumpió-. Nigromante, tú hablaste una vez del Pacto de las Siete Tribus. Esta misión es de total importancia, pues si la completáis podremos, en un futuro, acabar con uno de los tres Mayores.

Edhor pareció sorprendido, porque calló y escuchó a la hechicera.

-Id al bosque. Tenéis que pedirle a Pekkara que os dé la Piedra, y traedla aquí. Entonces veremos lo que debamos hacer. Yo os acompañaría, pero debo velar por la salud de Charsi. Necesitará mis cuidados durante varios meses. Serea, tú conoces bien el bosque, ¿no es así?

-Así es, Akara.

-Bien, id lo más rápido posible.

-Deberíamos... enterrar al druida -observó Edhor.

-Será enterrado en el Bosque -fue la respuesta de la hechicera-. Pero ahora no podemos distraernos con eso. Yo le lanzaré un conjuro al cuerpo para que no se descomponga, y cuando acabemos la misión le daremos un entierro digno.

El nigromante y la amzona partieron de inmediato, en el mismo momento en el que un curioso cuervo alzaba el vuelo y se alejaba del Campamento...

***

-Sí, Señor Baal -aseguró el Cuervo Parlante-, esas amazonas poseen vuestra Piedra Espiritual.

-Maldita sea... debo rescuperarla cueste lo que cueste...

-Mi Señor, yo podría ir hasta ahí y...

-¿Aún sigue viva esa inmunda rata, Hermano? Deberías librarte de ella de una vez por todas.

-Saludos, Gran Mefisto, Señor del Odio -dijo Cuervo Parlante, inclinando la cabeza-. He localizado la Piedra Espiritual del Gran Baal, Señor de la Destrucción.

-Mandaré a Szkjarst, creo que incluso él será capaz de llevar a cabo una tarea así.

-Sí, mi Señor... no le decepcionaré...

-Acaba con la existencia de esta inmunda rata, Hermano. Yo me ocuparé de esto.

-No puedo permitir que lo hagas, Hermano. Esta misión debo resolverla yo... insisto, mandaré a Szkjarst.

-No es sólo por ti, Hermano. Conquistaré el Bosque, Kurast es poca cosa para mí. Y cuando el Bosque sea mío, recuperaré tu Piedra Espiritual.

-Gracias, Hermano.




CAPÍTULO 10
Edhor y Serea tardaron tres días en llegar al corazón del Bosque. Los dos habían corrido todo el tiempo, con pequeños descansos para comer, pero no para dormir. Estaban agotados.
Finalmente, llegaron a la tribu de Serea. Todas las amazonas amenazaron a Edhor con sus armas, pero Serea les dijo algo en su idioma y sus compañeras dejaron de hacerlo. Los dos viajeros entraron en una cabaña que les había indicado una amazona, y allí encontraron a Pekkara. Era una mujer muy anciana, quizás podría llegar a los 130 años. Estaba encorvada, no tan delgada como lo son las amazonas por la falta de ejercicio y con en rostro enteramente surcado de arrugas. Los ojos eran dos finísimas rayitas que podrían haberse confundido con otra arruga más.

-Habéis... venido -dijo ella, sorprendiéndolos a los dos, que no sabían que conociera la lengua común-. Akara me infirmó mentalmente de vuestra llegada. Si venís a buscar esto... tomad. Yo ya soy una anciana, y poco podré protegerla. Llevádsela a Akara, es la actual líder de la tribu de los Hechiceros. Ella sabrá qué hacer.

Dicho esto, sacó una bonita piedra amarilla de su túnica y se la tendió a Serea. Pero en ese momento, Cuervo Parlante entró en la cabaña a toda velocidad y cogió la piedra con sus patas.

-Adiós, amigos, el Señor del Odio sabrá qué hacer con vosotros.

Dicho esto, salió de la cabaña, y aunque todas las amazonas intentaron alcanzarlo con sus flechas, misteriosamente ninguna logró acertarle...

Entonces un árbol cayó al suelo, y cientas de muñecas estigias invadieron el terreno. Todas las amzonas atacaban con arcos o jabalinas, y se defendían bastante bien frente a los pequeños demonios. Edhor utilizaba sus huesos para crear esqueletos que las destrozaban, además de crear muros de hueso delante de las amazonas a modo de escudo, ya que podían disparar por los huecos que dejaba. Parecía que el asedio se iba frenando, cuando una increíble presencia llegó al campo de batalla. Era Mefisto.

-Gracias por la Piedra Espiritual del Señor de la Destrucción. Ahora todos tendréis el gran honor de morir a mis manos.

-Ya tienes la piedra -le dijo Pekkara, enfurecida. Había fallado en su misión de proteger la piedra, y guardaba un enorme odio a Mefisto, pues varias amazonas habían muerto en el asedio-. Ahora vete.

Mefisto rió con gran fuerza, y todos los presentes tuvieron que taparse los oídos a causa del dolor que les provocaba.

-No he venido hasta aquí sólo para conseguir la pidra. Conquistaré el Bosque, aumentando así mis dominios.

Y, dicho esto, lanzó unas diez saetas cargadas. Ocho impactaron contra sus respectivas amazonas, a las que quemaron el pecho y el estómago, matándolas.

-Has asesinado a mucha gente inocente ya, Mefisto. ¡¡ACABARÉ CONTIGO!!

Entonces, Pekkara dio un enorme salto vertical, de unos cinco metros de altura. En el aire, cogió dos jabalinas de su espalda y se las lanzó al Señor del Odio. Pero realizó su conjuro secreto, y las jabalinas se transformaron en dos estelas llameantes con cabeza de dragón, que se dirigían a toda velocidad hacia Mefisto.
La primera batalla contra uno de los Tres había comenzado.




CAPÍTULO 11
Edhor sucumbió al miedo. No podía ser cierto. Uno de los Tres se encontraba ante él, y se disponía a matarle. Sin duda no podría oponer resistencia, había visto cómo ocho amazonas perdían la vida ante uno solo de sus movimientos. Y no eran amazonas débiles, ya que tres como ellas habían casi matado a Derebath hacía poco más de una semana. Pero algo le infundió valor. Ver a la líder de las amazonas atacar con todas sus fuerzas, al igual que el resto de amazonas le infundió valor. Invocó a un golem y se dispuso a luchar.

Las dos jabalinas másgicas se dirigían hacia Mefisto, rugiendo. Pero impactaron contra su pecho y se desintegraron, con lo que él rompió a carcajadas.

-¿Es eso todo lo que puedes hacer, anciana? Sin duda hace unos años podría haberme divertido un poco con este combate, pero veo que ahora será un juego de niños. Ni siquiera merecéis el honor de morir a mis manos.

Y, dicho esto, alzó los brazos y ante ellos apareció algo monstruoso. Una bestia negra y roja con dos largos colmillos y que se sostenía sobre cuatro musculosas patas rugió, derribando cabañas, amazonas y árboles. Edhor también calló al suelo con el rugido, que iba acompañado con un apestoso hedor que hizo vomitar a varias guerreras.
Mefisto se retiró hacia atrás y cruzó los brazos con una sonrisa en la cara. Sin duda se disponía a ver un sádico espectáculo.

La bestia, que medía unos tres metros de alto y ancho y seis de largo junto a los dos metros de cada colmillo, embistió hacia los sorprendidos y asustados luchadores. Todos se apartaron saltando lateralmente, excepto el golem, que fue destrozado ante el impacto, y una amazona que aún vomitaba y no tuvo tiempo de retirarse. La pobre mujer fue aplastada bajo una de las patas y reventó, literalmente, dejando el suelo lleno de sangre y vísceras.
Edhor pensó que aquella bestia debía ser una mutación, dado que su cara tenía similitudes a la de un jabalí, los colores de una salamandra y... las patas eran excesivamente musculosas. Podrían ser de un minotauro o incluso de un ser humano. Si reunía las mejores características de esos tres seres, entonces estaban perdidos. Y no parecía equivocarse, porque la bestia, inteligentemente, giró sobre sus patas traseras y atacó de nuevo, pillando desprevenidas a la mayoría de las amzonas, que no pudieron retirarse. Más de la mitad fueron aplastadas, atravesadas de lado a lado por los colmillos o calleron en sus fauces, de las que no pudieron salir. Sólo quedaban en pie veinte amazonas, más Serea, Edhor y Pekkara. Pero no tuvieron tiempo de recuperarse, porque la bestia giró de nuevo sobre sí misma, apoyándose sobre sus patas traseras, y volvió a la carga. Edhor lazó un muro de hueso, pero se deshizo con el impacto, sin frenar al enemigo lo más mínimo. Dos amazonas más cayeron en esa embestida, y justo cuando la bestia volvía a girar, Edhor le gritó a Serea:

-Atácale a un ojo cuano embista, y después esquívale. Intentaré envenenarle a través de la herida.

Otra amazona murió en la embestida, y Serea se dispuso a atacar en la siguiente. Sacó su arco, cogió una flecha del carcaj y apuntó a la bestia, que giraba sobre sí misma. En cuanto comenzó a embestir, lanzó la flecha, que impactó contra el ojo derecho. Pero no lo reventó ni le hizo una herida, sino que rebotó como si fuera de piedra, sin detener al monstruo. Esta vez, en vez de embestir, volvió a rugir, causando estragos. Las amazonas que se encontraban más alejadas vomitaban sin poder moverse, pero las que estaban más cerca se derretían como si se bañaran en ácido. Sus pieles y ropas se quemaban, y gritaban sin poder oponer resistencia a esa dolorosa muerte. Siete amazonas murieron así, y otras dos fueron aplastadas en la embestida posterior mientras vomitaban. Sólo quedaban ocho.

Entonces Pekkara dio el mismo salto de antes, y de nuevo lanzó dos jabalinas mágicas llameates que buscaron a la bestia. Impactaron cada una en un ojo, haciéndole gemir y embestir contra los árboles. Aún así, volvió a la carga, con los ojos intactos.

La siguiente embestida fue más rápida que las demás, y Edhor y Serea no pudieron apartarse. Pero justo cuando iban a ser aplastados por una corpulenta pata, una enorme bola de fuego golpeó al enemigo en la cara, lanzándole varios metros hacia atrás. Algo blanco se colocó en su espalda. Se movía tan rápido que no veían lo que era. La bestia comenzó a rugir, y se movía de un lado para otro, gritando. Aquello que se había instalado en su lomo, justo detrás de la cabeza, le estaba haciendo mucho daño. Unos instantes después, la bestia caía al suelo en carrera, muerta, y se transformó en cenizas.

Un hombre lobo de pelaje blanco saltó de los restos, y Akara se hizo visible a su lado.

-¿Llgamos tarde? -preguntó Derebath.




CAPÍTULO 12
Cuarvo Parlante entró apresuradamente por la ventana.

-¿Dónde está el Señor de la Destrucción? He recuperado aquéllo que tanto ansía. Debo verle ahora mismo.

-Eso no será necesario. Dámela y yo me ocuparé de dársela. -fue la respuesta de Szkjarst, que apareció entre las sombras.

-Ahora no, rata. Debo entregarle esto personalmente a Baal, así que aparta de mi camino.

Cuervo Parlante comenzó a volar, pero de repente sintió que no podía moverse y calló al suelo, a los pies de Szkjarst.

-Creo que podré quedarme con esto -dijo, cogiendo la piedra, que aún se encontraba entre las pequeñas garras del pájaro- . Y en cuanto a ti, creo que acabaré contigo.

-No te atreverás... y en cuanto Mefisto vuelva, no podrás ocultarle a Baal lo que estás haciendo... estás perdido.

Szkjarst rió sonoramente, y miró al cuervo con una sonrisa torcida.

-Mefisto no volverá, pajarito. Me he ocupado de ello. Le he dado el don de la vida a uno de esos humanos, haciéndole renacer de sus restos con un poder diez veces mayor al que tenía antes. Y cuando Mefisto haya muerto... entonces... -los ojos de Szkjarst se iluminaron, pero volvió rápidamente a la conversación, mirando al ave.

-Es imposible... el don de la vida... tú no tienes ese poder... si no... Baal...

-Yo fui la única creación de Baal que fue inteligente. Le oculté mis verdaderos poderes cuando todavía era débil. Y cuando las tres Piedras del Alma sean mías...

Cuervo Parlante entendió lo que Szkjarst pretendía hacer, y en un último intento desesperado intentó graznar para así alertar a alguien... a cualquiera... pero no lo logró. A un solo movimiento de Szkjarst, el pequeño pájaro explotó, dejando un gran charco de sangre en el suelo.

***

Edhor se sentía confundido. ¿Cómo podía estar allí Derebat? Le había visto morir, pero había vuelto. ¿Habría descubierto el mayor reto de la nigromancia, conseguir revivirse... a sí mismo? No, era imposible. Pero sin embargo, el lobo estaba allí. Cientas de preguntas se agolpaban en su mente, pero decidió que se lo preguntaría al acabar aquél combate... si es que salían vivos de allí.
Mefisto también parecía sorprendido. Sin duda no esperaba ve morir a su invocación. Aún así, se preparó para iniciar el combate.

-Mortal, eres mejor de lo que yo pensaba. Pero no puedes medirte conmigo. Prepárate a morir.

Derebat saltó hacia él. Parecía tener mucha más vitalidad, fuerza y agilidad que en su combate con Andariel. Incluso Mefisto sintió miedo en su interior, aunque eso es algo que nunca nadie sabría. Fue un impacto brutal, el impacto con el que comenzó el combate contra Mefisto.

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Última edición por NarohAxort el 07 Mar 2008, 17:31, editado 1 vez en total

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 Asunto: Re: Historia de un Druida by NarohAxort
NotaPublicado: 15 Feb 2008, 03:39 
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ok aunque ya lo habia puesto pero weno sigue la historia :)

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 Asunto: Re: Historia de un Druida by NarohAxort
NotaPublicado: 08 Mar 2008, 23:17 
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CAPÍTULO 13
Mefisto retrocedió ante el impacto. El hombre lobo tenía una furza física muy superior a la suya. Pero ¿cómo era posible? Él era uno de los tres demonios mayores. ¿Cómo un simple druida mortal había podido vencerle?

-No eres malo del todo, druida. Únete a mí y juntos podremos hacernos con el control del bosque.

Una sonrisa apareció en la cara de Derebath,volviéndole algo cómico al estar en su forma de lobo.

-No puedes derrotarme, Mefisto. He renacido, y ahora tengo poder para acabar contigo y con tus tres hermanos.

El druida saltó potentemente en dirección al demonio, pero éste lo esquivó hábilmente. Mefisto tenía un gran sentido del combate y sabía que no podría ganar luchando cuerpo a cuerpo, así que retrocedía rápidamente a la vez que lanzaba poderosos hechizos contra Derebath. Sin embargo, el lobo esquivaba casi todos los rayos que lanzaba el Señor del Odio, y los pocos que le alcanzaban apenas le hacían una pequeña quemadura.

"¿Cómo es posible...? Mis mejores ataques ni siquiera logran que frene su carrera. ¿Le habrá dado Baal... el don de la vida? Él es el único que puede concederle ese don a alguien, resucitándolo y otorgándole un poder supremo. Pero mi hermano no le habría dado ese don a este druida, que es nuestro enemigo. ¿Quién ha sido, entonces? ¿Cómo puede tener un mortal tanto poder?"

Derebath alcanzó a su enemigo, y de un solo zarpazo le arrancó un brazo, junto a un desgarrador aullido de dolor, que resonó por todo el bosque, inquietando a todos sus habitantes. Mefisto se dobló sobre sí mismo, y Derebath aprovechó el momento para continuar golpeándolo sin descanso, a más de un golpe por segundo. De las heridas del demonio no manaba sangre, sino un gas verdoso que ascendía hacia el cielo. Derebath descubrió que mientras respiraba el gas que emanaba de Mefisto, un enorme Odio invadía su cuerpo y su mente, y lo supo aprovechar atacando aún con más fiereza a su enemigo, que ahora carecía de brazos y era casi invisible debido a que expulsaba tanto gas que era imposible averiguar ninguna forma a través de él. Las amazonas que habían sobrevivido, Akara y Edhor también comenzaron a sentir un Odio supremo, y se miraban con gran desconfianza, aunque intentaran reprimirlo.

Edhor respiró ese gas y sintió como su corazón se llenaba de Odio. No sabía por qué, pero le entraron unas ganas horribles de acabar con la vida de aquél hombre lobo que estaba destrozando a Mefisto. Estaba asestando una gran cantidad de golpes... había bajado la guardia... era el momento. Sin pensarlo ni reflexionar un solo momento, lanzó un rayo de huesos y veneno dirigidos hacia el lobo.

Derebath continuaba atacando a Mefisto, que apenas tenía una forma definida ya. Estaba mutilado por todos lados. Iba a morir. El lobo se preparó para asestarle el golpe final, cuando un rayo de veneno y hueso impactó contra él, alejándolo de su enemigo. Recuperó el equilibrio rápidamente, pero cuando volvió a atacar, golpeó el aire. El gas verdoso desaparecía lentamente. Mefisto no estaba allí.

***

Mefisto calló al suelo. Había escapado del bosque por los pelos. ¿Cómo podía aquél mortal ser tan poderoso?

-¿Dónde están Diablo y Baal?

-No están aquí ahora -respondió Szkjarst, que se materializó al instante delante de Mefisto-. No podrán ayudarte.

-Szkjarst... ¿qué estás haciendo? ¡Aparta de mi camino!

-Voy a acabar lo que eempecé. Parece que ese lobo es fuerte... hice bien en entregarle el don de la vida.

Mefiso lo miró con terror. ¿Era eso cierto? ¿Podía aquél ser entregar el don de la vida? No, Baal era el único...

-Si no te apartas... ¡acabaré contigo!

Y con estas palabras, lanzó un rayo que iluminó su deforme cuerpo. Szkjarst era un ser de aproximadamente dos metros de altura, algo menos quizás. Su cuerpo era de un color anaranjado, pero provocaba repulsión. Era extremadamente deforme. En su cara apenas se podían distinguir los ojos de la nariz y la boca. Uno de sus brazos era muy corto, llegándole a la cintura, mientras que el otro casi alcanzaba a los tobillos, increíblmente anchos. Además, estaba muy jorobado, pues si le veías de frente, la jorobo asomaba por detrás de su cabeza. El rayo de Mefisto impactó contra su cuerpo, pero se deshizo sin ningún resultado.

-¿Cómo es posible...?

Entonces la Pidra del Alma amarilla, la Piedra Espiritual de Baal, se materializó en la mano de Szkjarst.

-Cuando tenga las tres... tendré poder para iniciar la Segunda Guerra Espiritual.

-Tú... tú no puedes... nunca podrás ganara esa batalla... no puedes abandonar el plano mortal... -la cara de Mefisto presentaba horror, no podía creer lo que veía. Si Szkjarst podía dar el don de la vida y se proponía reunir las tres Piedras el Alma...

-Cuando las haya reunido, sí podré. Ahora, Mefisto, ¡desaparece!

El poco cuerpo que quedaba de Mefisto explotó, y Szkjarst recogió la Piedra del Alma azul de entre los restos.

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 Asunto: Re: Historia de un Druida by NarohAxort
NotaPublicado: 17 Mar 2008, 17:50 
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vale Nao :) interezante parte naro :) jeje espero que me pases la siguiente parte :)

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 Asunto: Re: Historia de un Druida by NarohAxort
NotaPublicado: 11 Abr 2008, 17:17 
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CAPÍTULO 14
Derebath volvió a su forma humana. Respiraba agitadamente tras el combate, y lo primero que hizo fue mirar a Edhor. Éste se miraba las manos, incrédulo, no podía creer que hubiera ayudado a Mefisto a escapar.

-Lo... siento... -fue lo único que pudo decir.

Akara se reunió con Pekkara, que estaba impresionada ante el poder del druida.

-¿Dónde está? -preguntó la hechicera cogiendo por los hombros a la anciana amazona-. ¿Dónde está la Piedra del Alma?

-Un ave seguidora de Mefisto la robó -se adelantó Serea-, pero... -miró al druida-. ¿Cómo...? ¿Cómo estás aquí...?

-Aún no lo sabemos -le respondió Akara-. Unas horas después de que os fuerais, algo llegó al Campamento. Yo recibí un impacto poderosísimo. Una descarga eléctrica que no creo que hubiera podido invocar ni el mismísimo Mefisto. Por suerte. el único objetivo del ataque era dejarme inconsciente, porque no tengo quemaduras ni nigún signo de ataques. Antes de perder el conocimiento, me pareció ver una gran figura, no humana, aparecer junto al cuerpo de Derebath, un ser de color anaranjado con rasgos deformes. Pero quizás fue sólo un delirio...

-Yo sólo recuerdo despertar en el suelo. Todas las heridas que me había infligido Andariel habían desaparecido, y yo estaba con vida. Unas nuevas energías recorrían mi cuerpo, mi fuerza y mi maná eran increíblemente superiores a las de antes. Desperté a Akara y rápidamente utilizó su Teletransporte. Tardamos poco más de una hora en llegar -concluyó Derebath-, pero... me parece haber visto algo antes de despertar y después del combate... no logro recordarlo... puede que sea algo relacionado con el monstruo del que habla Akara.

-¿Qué hay de Charsi y las arpías? ¿Ninguna vio a aquél demonio? -quiso saber Edhor.

-No creo que sea un demonio enemigo cuando revivió a Derebath y le hizo más poderoso. Quizás fue... un arcángel -opinó Pekkara, pero Akara rechazó la idea.

-No lo era, eso puedo asegurártelo. No lo vi bien, pero estoy segura de que era un ser maligno. Puede que incluso más que Mefisto. Y, respecto a tu duda, nigromante, todas las arpías fueron atacadas igual que yo -Akara miraba con odio a Edhor, ya que por su culpa el demonio Mefisto había huido.

-Ahora debemos encontrar el modo de recuperar la Piedra Espiritual de Mefisto -la interrumpió Derebath, acabando así la discusión-. ¿Alguna sugerencia de por dónde empezar?

***

Baal y Diablo observaban los restos del cadáver de su hermano, que yacía a las afueras del bosque. Szkjarst se había encargado de llevarlo hasta allí, con el fin de engañar a los otros dos demonios mayores.

-Hermano, estos enemigos son mejores de lo que yo pensaba... y ahora tienen mi Piedra Espiritual y la de Mefisto... debes acabar con ellos y recuperarlas.

-Bien, eso haré, Hermano.

Entonces Szkjarst se materializó junto a ellos.

-Mi Señor, creo que debería permitirme acompañar al Señor del Terror a acabar con esos rebeldes...

-No, Szkjarst... tú eres demasiado débil, y si Mefisto ha muerto ha sus manos, sólo serás un estorbo para Diablo. Sin embargo, yo sí que le acompañaré, y juntos, acabaremos con ellos y vengaremos a nuestro hermano.

Szkjarst sonrió: ninguno de los dos demonios mayores conocían su verdadero poder.

-Que así sea, Hermano, vamos allá.

Diablo y Baal desaparecieron, dejando solo a Szkjarst, que rió sonoramente.

***

Un terremoto sacudió el bosque, y las pocas amazonas supervivientes, heridas, cayeron al suelo. Derebath, Akara, Edhor, Serea y Pekkara quedaron horrorizados cuando delante de ellos aparecieron Mefisto y Diablo.

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 Asunto: Re: Historia de un Druida by NarohAxort
NotaPublicado: 11 Abr 2008, 22:17 
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JEJE EXELENTE CAPITULO ^^

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 Asunto: Re: Historia de un Druida by NarohAxort
NotaPublicado: 23 Abr 2008, 21:54 
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CAPÍTULO 15
Derebath volvió a su forma humana y sonrió.

-¿Dónde está Mefisto?

-No te hagas el tonto, mortal. Venimos a vengar a Mefisto y a recuperar las dos Piedras del Alma que posees.

Serea y Edhor se miraron, pero Akara se adelantó.

-No tenemos ninguna Piedra del Alma, así que marchaos.

Pero la voz de la anciana era temblorosa, no podía creer haber visto a los Tres el mismo día. Diablo habló por primera vez.

-Vuestros días han acabado.

Dicho esto, embistió contra sus rivales, que se apartaron como pudieron. Dos amazonas murieron aplastadas bajo sus garras. Edhor lanzó una maldición, pero no pareció afectar al Señor del Terror, y Derebath se transformó en lobo inmediatamente, y se lanzó contra Baal, que rápidamente creó un clon entre los dos, confundiendo al druida.

-¿Qué... qué clase de magia es esta? -fue lo único que pudo decir mientras luchaba fieramente contra el clon.

Desgraciadamente para los demonios, sin su Piedra Espiritual, el poder de Baal estaba mermado y sus magias no eran tan poderosas como podrían llegar a ser. Si ese lobo había podido con Mefisto incluso poseyendo La Piedra del Alma azul, entonces Baal no sería rival para él estando en estas condiciones. Sabiendo esto, Diablo ignoró al resto y se lanzó contra Derebath. Ambos juntaron las manos, uno contra uno, y fue un increíble combate. Diablo era infinitamente más poderoso que Mefisto en el cuerpo a cuerpo, y Derebath no estaba seguro de si podría con él.
Diablo golpeó al druida con la cola, lanzándole hacia atrás, y después invocó unas llamas que avanzaron por el suelo directas hacia él. Por suerte, Serea le cogió antes de que callera al suelo y le alejó del hechizo de Diablo.

-¡Acabemos con él ahora! -gritó Pekkara, lanzándose contra él a la vez que Edhor, Serea y Akara-. ¡Si le sujetamos, Derebath podrá acabar con él!

Sin duda era una idea disparatada, pero podía tener éxito. Los cuatro arrinconaron a Diablo, que rió y lanzó unas llamas expansivas que les golpearon y les hicieron caer. Derebath se recuperó del impacto anterior y volvió a saltar hacia él. Pero entonces se sintió terriblemente pesado. Su cuerpo pesaba muchísimo y apenas podía sostenerlo...

-¡Es una maldición! -informó Edhor-, ¡proviene de Baal!

Pekkara lanzó entonces dos jabalinas directas al Señor de la Destrucción, que se transformaron en dos dragones llameantes e hicieron perder la concentración a Baal para esquivarlas, y la maldición desapareció.

-Edhor, concéntrate únicamente en parar las maldiciones de Baal -le dijo Akara-. Pekkara y yo nos encargaremos de él, Serea, tú ayuda a Derebath.

En cuanto la maldición desapareció, Derebath intntó huir pero Diablo le agarró por el cuello y le levantó. El druida sintió como iba perdiendo lentamente las fuerzas ante la presión de las garras del demonio... entonces Serea clavó una flecha en la espalda de éste, y soltó al lobo con un sonoro aullido. Derebath saltó sobre su espalda y se dispuso a lanzar su ataque final. Hundió las garras en la herida que Serea había abierto, ensanchándola, y se dispuso a morder con todo el veneno que contenía en sus fauces... pero un gas violáceo salió al exterior en lugar de la sangre, y un Terror incomprensible paralizó a Derebath, que instantáneamente fue lanzado al suelo por una sacudida del demonio. No lo comprendía... estaba temblando y no podía moverse, ni siquiera ponerse de pie.

-Me has enfurecido, druida -dijo Diablo, poniendo las manos al frente mientras la Piedra del Alma de su cabeza brillaba intensamente-, prepárate a disfrutar del Rayo Diablo.

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 Asunto: Re: Historia de un Druida by NarohAxort
NotaPublicado: 23 Abr 2008, 22:25 
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BRAVISIMO ^^ muy buena parte jeje esto vse pone cada vez mas interezante [:)]

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 Asunto: Re: Historia de un Druida by NarohAxort
NotaPublicado: 10 May 2008, 20:55 
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muy bueno, aunk cn ganas del siguiente capitulo

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Woooooouuu!
Viva la caza del Gamusino!


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 Asunto: Re: Historia de un Druida by NarohAxort
NotaPublicado: 20 May 2008, 12:19 
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Juas!!! acabo de volver a encontrarlo y ya mas dejao con las ganas otra vez!!! Sigue que es la leche^^

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Soy wenzor aki y en d2jsp


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 Asunto: Re: Historia de un Druida by NarohAxort
NotaPublicado: 20 May 2008, 20:05 
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Registrado: 14 Feb 2008, 19:23
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/F4 Me puse a escribir otro cap y se me petó el ordenador /F4
A ver si en un rato o mañana lo escribo otra vez.

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 Asunto: Re: Historia de un Druida by NarohAxort
NotaPublicado: 02 Jun 2008, 22:31 
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Registrado: 14 Feb 2008, 19:23
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Baal estaba en serios problemas. Sin su Piedra Espiritual, su poder estaba seriamente mermado, y tanto Akara como Pekkara eran muy buenas luchadoras. Por si fuera poco, el papel de Edhor había pasado de ser el de parar las maldiciones del demonio a maldecirle, dado que el Señor de la Destrucción mantenía su atención en esquivar los ataques de las ancianas y no tenía tiempo de maldecir ni atacar. Baal corría hacia atrás mientras bloqueaba los ataques de Pekkara, que daba enormes saltos hacia él mientras blandía dos jabalinas enormes y lanzaba otras tantas; y de Akara, que se teletransportaba constantemente y lanzaba verdaderas lluvias de bolas de fuego contra su rival. Edhor corría tras los tres, mientras lanzaba constantes maldiciones. Lanzó un muro de huesos a la espalda del enemigo, que no pudo retroceder más. Akara y Pekkara se aproximaban a él a toda velocidad. Baal se había clavado varios huesos, y perdió unos segundos preciosos mientras se los arrancaba. Los segundos que habría necesitado para esquivar los ataques de sus enemigas.

Serea había sido lanzada más de quince metros atrás por el último ataque de Diablo. Miró donde estaba su enemigo y le vio con las manos al frente, apuntando a Derebath, que estaba tirado en el suelo. ¿Por qué no se levantaba? ¿Qué había pasado allí? Un gas de color morado manaba de la espalda herida del demonio, que no mostraba muestras de dolor ante esa abertura de más de un metro en su espalda.

-¡¡Derebath!! -gritó la amazona-. ¡Derebath, apártate de ahí!

La Piedra del Alma roja de la frente de Diablo brillaba intensamente, como un faro del color de la sangre. Serea salió corriendo hacia allí, pero la luz que emanaba del demonio era cada vez más intensa. Tuvo que pararse y taparse los ojos con el brazo, porque la deslumbraba. No podía avanzar más o perdería la vista. Un estruendo, como si el suelo se hubiera rasgado, anunció el ataque final de Diablo.

La potente luz de la frente de Diablo deslumbró a Akara y a Pekkara en el momento en el que iban a dar el golpe de gracia a Baal. Se pararon en seco y se cubrieron los ojos para no ser cegadas. Edhor lanzó un muro de hueso entre las luchadoras y el demonio. Éste aprovechó la situación y lanzó una onda expansiva de energía, que destrozó el muro de hueso. Por desgracia, todos los huesos salieron catapultados y uno atravesó de un lado a otro a Pekkara. La anciana amazona abrió los ojos y pudo ver cómo Akara se teletransportaba para evitar la energía que lanzaba Baal. No pudo ver nada más.

Toda la luz desapareció. Diablo respiraba agitadamente, y en línea recta ante él, había un surco en el suelo de un metro de hondo y muchísimos de largo. Serea no vio en el surco al hombre lobo, y supo entonces que no había podido esquivar tan devastador ataque. Unas pocas lágrimas asomaron por sus mejillas, y con un salvaje grito se lanzó contra Diablo. El demonio la apartó de un manotazo y rió sonoramente.

-¿Por qué te apenas de su muerte? Él mismo la aceptó cuando decidió enfrentarse a mí. Ahora tú y tus amigos os reuniréis con él.

Serea recordó entonces a los otros y desvió la mirada hacia el lugar donde se encontraba Baal. Vio que el demonio tenía un muro de hueso a la espalda, y se había clavado varias partes de éste. Delante suyo también había un montón de huesos desparramados por el suelo, y... uno de esos huesos estaba teñido de rojo. En uno de sus extremos se encontraba el cuerpo inerte de Pekkara, la anciana amazona líder de su clan. Antes de nada, Serea buscó con la mirada a Edhor y a Akara. Los dos estaban juntos, espalda con espalda. La mirada del nigromante era tan fría como siempre, no parecía conmocionado por que una de sus compañeras acabara de morir, tampoco lo dominaba el pánico pese a que estaba frente a una muerte segura. Akara, sin embargo, temblaba un poco tras haber visto el sangriento final de su compañera amazona.

Serea valoró fríamente las opciones, y decidió reunirse con ellos. Juntos, quizás tendrñian alguna oportunidad, si no de vencer, de escapar. Se levantó y comenzó a correr, pero Diablo se interpuso en su camino.

-Lo siento, pero tu tiempo se ha acabado.

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 Asunto: Re: Historia de un Druida by NarohAxort
NotaPublicado: 09 Jun 2008, 23:49 
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jeje buena parte naro ^^ joer ta interezante y has escrito un monton de capitulos y has mejorado de una forma sorprendente ^^ felicidades te da tu exjefe (L) (L)

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 Asunto: Re: Historia de un Druida by NarohAxort
NotaPublicado: 10 Jun 2008, 14:45 
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:D Muchas gracias :D
A ver si nos escribes algún relato de Kurast basado en el Amazonas [lol]

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 Asunto: Re: Historia de un Druida by NarohAxort
NotaPublicado: 10 Jun 2008, 23:52 
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NarohAxort escribió:
:D Muchas gracias :D
A ver si nos escribes algún relato de Kurast basado en el Amazonas [lol]


seguro naro xD [cerveza]

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